Visitar los Hayedos más al sur de Europa

Los Doce Robles

“Las hayas son la leyenda, alguien en las viejas hayas
leía una historia horrenda de crímenes y batallas”

Antonio Machado

Estos bosques frondosos y espesos que apenas dejan pasar la luz, tiene un halo de misterio que se acrecienta en esas horas en que las sombras comienzan a derrotar al día. Todo un disfrute para dar un paseo y un gran reto para los aficionados a la fotografía.

Cualquiera que vaya al Pirineo o a los Picos de Europa, encontrará fácilmente enormes hayedos con sus viejas hayas centenarias en valles abiertos. Pero más al sur, en el Sistema Central concretamente en la sierra de Ayllón, destaca El Hayedo de Tejera Negra. Lo que le hace especial es su localización en un pequeño valle a 1.300 m de altitud rodeado de montaña y atravesado por los ríos Lillas y Zarzas. Desde los Doce Robles el camino en coche hasta el hayedo es una delicia ya que atraviesa la ruta de los pueblos negros.

Nada espectacular destaca en este valle glaciar del pico Buitrera, pero su encanto y recogimiento te atrapan, quizá por ser una pequeña perla verde entre dos áridas mesetas. Allí desaparece el ruido del hombre para dejar hueco a los sonidos y silencios de la naturaleza.

Situación

El misterio que cita Machado, no es casualidad, pues los bosques de hayas se sitúan en laderas montañosas que miran al norte donde más expuestos están a vientos, lluvia y niebla. Escondiéndose del sol cuanto más al sur se encuentran.

¿Cómo conocerlos?

Las hayas son árboles de hoja caduca, de porte robusto y gran talla. Su corteza es gris ceniza, y sus hojas son de un verde vivo que aumenta su tonalidad según maduran y toman unos espectaculares colores dorados en otoño.

Cosas curiosas

Las hayas tiene la capacidad de colocar sus hojas estratégicamente, de manera que cuando el sol del medio día más castiga, sólo una pequeña parte de la luz atraviesa sus copas para llegar al suelo. Las condiciones en las que viven son más propias del clima atlántico centroeuropeo que del mediterráneo. Así se protege de los rigores del estío creando penumbra y haciendo hueco para que crezcan las leyendas celtas, donde el árbol es la perfección en el reino vegetal y su magia es así la más poderosa. Una de esas leyendas, en este caso asturiana, cuenta que un hombre adentrándose en lo más profundo de un bosque observa cómo los árboles se mueven echándose literalmente sobre él. Tras unos momentos de terror se da cuenta de que todo fue un mal sueño causado por el Diañu Burllon (personaje de la mitología asturiana).

Con lo que os hemos contado, ¿os apetece disfrutar de la magia de Tejera Negra?


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